domingo, 26 de junio de 2016

02 SESIÓN DE DANZA.

Una vez más acudo al teatro con nervios e ilusión para ver el trabajo de tantas personas y personitas que con esta representación finalizan un nuevo año de esfuerzos, trabajo y disciplina. Es el primer acto para las más pequeñas pero, aún en las veteranas, se reflejan la tensión y una cierta dosis de ansiedad. Más de una madre y de un padre se quejaban de que al llegar a la entrada de artistas: "Ni siquiera se ha despedido. Se ha ido corriendo para dentro".


El fin de curso del Centro Internacional de Danza de Santa Cruz de Tenerife es toda una fiesta que llena el teatro Guimerá año tras año. Con este van cuarenta y cuatro si bien también se han celebrado en otros espacios. Siempre de la mano de Miguel Navarro y Rosalina Ripoll. Y, como viene siendo habitual, ha sido un éxito. Han ofrecido un programa ameno, vistoso y bien pensado. Vestuario, escenografía, música y coreografía se han combinado como en un espectáculo profesional.


Algunos de estos jóvenes ya han tenido la oportunidad de trabajar con Ballets de Tenerife. El señor Navarro trata de hacer cantera y es lamentable la falta de apoyos. Se trata de que un sueño compartido por muchos de nosotros: tener una compañía profesional de danza en la isla. Una muestra más del nivel cultural de un lugar y una herramienta de promoción del mismo de cara al exterior. La citada Ballets de Tenerife ha demostrado su versatilidad haciendo trabajos al margen de su actividad habitual. Y como muestra un botón: Han participado en la puesta en escena de la ópera Aida, en el Auditorio Adán Martín y han hecho publicidad. Cuando se ha requerido han colaborado con las instituciones a pesar de no tener una contrapartida.


Actualmente el mundo de la Danza es muy incierto en España y por eso, más que nunca, debemos apoyar el entusiasmo y buen hacer de estos emprendedores, grandes y pequeños, que están dispuestos a pasar por el calvario que cruzan antes de deleitarnos con el resultado de sus  trabajos sean visuales o anden detrás enseñándoles o colaborando técnica y administrativamente en la puesta en escena.


¡Suerte y hasta el año que viene!



 

domingo, 19 de junio de 2016

01 EL BAILE DE OLGA.

(Imagen cortesía de transformthewordartistically.wordpress.com)


Olga se sentía nerviosa como una principiante. El patio de butacas estaba lleno del público más exigente que se podía imaginar y no bastaba con hacerlo bien, tenía que ganárselo. Era la representación de su vida. A su edad le restaban pocos años para lucirse en las tablas. Pronto tendría que pensar si iba a dedicarse a la instrucción de las nuevas bailarinas o al cuidado de su casa, de su hija Ivana y de su esposo Boris. Tal vez podría volver a la universidad.


Llevaba un rato estirándose bajo la mirada curiosa de los que pasaban a su lado. Lo dejó, ya no debía faltar mucho. En efecto, alguien le dijo: Eres la próxima. Estas palabras desataron su instinto. El escenario era pequeño, como la habían prevenido. El cansancio se empezaba a manifestar en los asistentes. Ella y su danza cerrarían la gala de Las musas de Moratalaz. Repasó los pasos. Empezaría en quinta. Luego segunda. Dos giros y... siguió dando forma en su mente al número.


Cuando se quiso dar cuenta estaba frente al respetable llevando a la práctica todo lo que había proyectado. Pasos medidos, técnica, una pieza con diferentes ritmos y un final apoteósico. Todo estaba hecho. Un éxito como ninguno. Todos los profesores, padres y alumnos del colegio aplaudían y daban bravos con tanto calor que la hicieron sentirse en aquel certamen escolar de padres y niños con talento como si el clamor viniera de las concurrencias del Bolshoi, del Marinsky, del Metropolitan o de cualquier otro. Entonces vio el brillo en los ojos de Ivana y su sonrisa abierta y comprendió que no había tenido nunca un triunfo así.