Ella
y él eran totalmente diferentes. Ella siempre tenía, e irradiaba
calor. Hasta en los días más gélidos del invierno llevaba sus
vestidos ligeros del verano. Él, en cambio, no dejaba el abrigo ni
en las jornadas más tórridas del estío. Un día se encontraron en
la consulta del facultativo que trataba sus dolencias y sintieron
curiosidad por lo que le ocurría al otro. Salieron de vez en cuando
a tomar algo. Intimaron. Finalmente ocurrió como en el anuncio de
los geles para aumentar las sensaciones durante el coito, calor para
él y frío para ella. El amor fue estupendo así como el solo hecho
de estar unidos, abrazados.
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