KRISTEN.
3.
(Imagen cortesía gigirey.com)
Hannah sorprendió a Edvard yendo a verle a su despacho. Él pidió que no les molestasen dispuesto a escuchar a su hija pero ella terminó pronto con él pues se limitó a preguntarle si podrían comer juntos. Edvard se mostró contrariado. Justo ese día tenía el único compromiso ineludible quizás de todo el año. Se quedó en silencio unos segundos pensando qué podía hacer. De hecho, sus invitados venían de Oslo a petición suya. En la cita llevaban trabajando meses y los resultados garantizarían el futuro de la empresa al menos otros cinco años. Se lo explicó a Hannah que le escuchó educadamente y cuando se temió la habitual respuesta negativa, silencio y un simple “adiós papá” se encontró con una propuesta de ella de preparar la cena y esperar a esa noche para que hablasen juntos. Luego le dio un beso y le deseó suerte en su cita.
—Te lo dije Kristen. Siempre está ocupado.
—Pero, eso es lo que se espera de él. ¿Cómo te ha atendido? ¿Has sido un asunto a tratar más?
—Ha dejado todo por atenderme y parecía dispuesto a tomarse su tiempo.
—A pesar de tener un negocio tan importante.
—Sí, a pesar de tener un asunto tan importante. ¡Ven, corre! volvemos a Lade, no tenemos nada ya que hacer aquí y yo tengo que preparar una cena.
—Que hará Valentina Ivanovna.
—Sí pero yo pondré la decoración, el vino y la conversación.
Valentina al enterarse quedó muy sorprendida y se puso algo nerviosa porque no sabía con qué agasajar al señor Dronning según los gustos de su hija. Hannah le explicó que su padre tenía importantes negocios ese día y seguramente serían durante el almuerzo. Valentina dedujo que regresaría tarde y le dio instrucciones a Hannah.Ya tenía claro qué podía servirles. Le propuso a Hannah que le buscase un vino a su padre y le dio un par de opciones. Hannah fue a comprarlo con Kristen. Cuando llegó le aguardaban sus primos para proponerle ir a la playa. Kristen se había marchado y hasta que Valentina no terminase no podía empezar ella. La tarde fue muy entretenida. Alex era genial y Jon sencillamente no parecía Jon. En algunos momentos hasta se le antojaba atractivo.
(Imagen cortesía de tripadvisor.com)
Valentina se marchó media hora más tarde de lo acostumbrado mientras Hannah presentaba una mesa sencilla y elegante. Tenía bien claras las indicaciones y cuando su padre llegó tuvo una segunda sorpresa agradable. Le sirvió una copa del vino que iba a tomar en la cena y él le pidió cinco minutos para refrescarse. Hannah contaba con ello y aprovechó para sacar unos entrantes de caviar y arenques y apagó el fogón de la cocina para llenar una sopera con el contenido de la olla que estaba sobre el mismo y que fregó aún caliente. Apareció el invitado y juntos se sentaron en el comedor. Le sirvió una segunda copa de vino y dieron cuenta además de lo servido de una sopa de tomate, una ensalada y tarta de manzana con canela mientras Edvard le contaba detalles a Hannah de su importante reunión, en respuesta al interés mostrado por ella. Él insistió en ayudarla a fregar mientras preparaba café y la escuchó tocar el piano en lo que se lo tomaba. Fue un café muy largo porque Hannah había preparado repertorio para aproximadamente un cuarto de hora, llevaba semanas sin sentarse ante los pedales y las teclas, pero al final lo hizo durante algo más de una hora. Edvard lo disfrutó y se sintió inmensamente feliz.
—Todo ha sido maravilloso. Muchas gracias.
—Papá… tengo que contarte algo y pedirte una cosa.
—Ah.
—Sí, me temo que todo esto no era desinteresado.
—Cuéntame.
Hannah le relató a su padre su reciente historia con Kristen. Se habían conocido cuatro días atrás cuando le propuso ir a la ciudad a comer con sus amigas. Luego se habían visto en varias ocasiones y habían hablado de cosas personales lo que le era sorprendente porque ella, que no era una persona introvertida, nunca se había abierto con nadie en tan poco tiempo ni se había sentido tan a gusto. El lunes, la víspera le había reprochado de alguna manera que no estaba siendo justa con su padre y reflexionó sobre ello y se dio cuenta de que tenía razón por lo que debía reconducir su relación y para ello qué mejor que sorprenderlo, comer con él, pedirle disculpas por la actitud de los últimos meses y pedirle que le tenga paciencia por si se repiten los yerros pero que ella no los desea y quiere volver de alguna manera a la felicidad de antes aunque ahora necesita más espacio, intimidad y crecer. Edvard en silencio asimilaba cada una de las palabras. Hannah conocía esa actitud y se la esperaba lo que le animó a seguir. La cena había sustituido al almuerzo y durante la misma decidió que tenía que pedirle un favor.
—Hazlo, cariño. Has hablado con mucho tino, tienes una disposición adecuada y me he sentido orgulloso de tu madurez. Sólo por pasar una noche tan agradable como ésta… no sé que hubiera dado ni cuantos favores haría. Sigue hija.
—Es Kristen.
—Tu nueva amiga. Cuéntame más de ella.
—Ese es el problema. No sé nada de ella.
Hannah no había podido saber nada más que no era de allí pero que sospechaba de era de Stavanger por sus referencias a la calidez del clima, a la iglesia roja de San Petri en contraste con las casas blancas del barrio antiguo donde creció y su firme creencia de que la empresa familiar debería tener allí sus dependencias principales como las restantes vinculadas al petróleo del mar del Norte. Había eludido conocer a sus primos y a Valentina, decirle dónde vive y responder cualquier clase de preguntas personales. Se mostraba muchas veces como ausente y desorientada pero en cambio, lo mismo que él, la escucha con atención y se refería a los demás con comprensión, mesura y siempre buscando su lado positivo. Sabía mucho de la familia y eso, no le asustaba, pero le inquietaba un poquito. Es verdad que con sus antecedentes no es difícil encontrar información sobre ellos pero por qué una chiquilla casi de su edad había de saber tanto. ¿Sería una acosadora?
—Me tranquiliza que hoy me ha dicho que tiene ganas de conocerte.
—Eso está bien pero permíteme que te aconseje que mantengas un poco las distancias mientras hago algunas averiguaciones. Ahora me vas a dar una descripción detallada de ella, me vas a refererir los sitios donde os habéis visto y todos aquellos detalles que puedas como… por ejemplo, ¿cuál es su comida favorita?
—Me dijo que se pirraba por las tartas de arándanos.
—Eso está bien pero lo necesito apuntar todo por orden.
Edvard y Hannah se pusieron a ello y les dio la medianoche cuando al leer por tercera vez la descripción Edvard se repitió por enésima vez que le faltaba algo. Buscó un viejo álbum de fotos y al regresar con él al salón Hannah se percató de señales de ansiedad en su rostro.
—Te voy a enseñar la foto de una persona real muy parecida a la que me describes para apuntar mejor los detalles como si la nariz es más o menos larga o si es más o menos pecosa.
(Cortesía de albumdigital.org)
Edvard buscó una vieja foto en color de bastante tamaño de una muchacha rubia con trenzas, pecosa de ojos azules brillantes, sonrisa abierta e increiblemente expresiva. Vestía una blusa estampada y llevaba un pantalón con peto. Tendría unos trece años y de fondo se alzaban unas casas tradicionales de maderas blancas. Parecía una foto de estudio pero se veía que el entorno era real y no un decorado. Hannah no pudo disimular su cara de asombro. Era Kristen.
—Es ella papá. Bueno no puede ser ella pero es clavadita. ¿Quién es?
—Se llamaba Kristen también y era tu madre cuando aún no tenía catorce años. Esta foto era del despacho de tu abuelo y ella la sacó del marco y la guardó en el álbum cuando él murió. Ese mismo marco es el que está en mi mesa con la foto de ella cuando se quedó embarazada de ti. Al principio no caí, tenía la mente bloqueada pero la tarta de arándanos, su origen siddis y la descripción que me has hecho de lo físico y de su forma de ser me han llevado a concebir una locura.
—Que mamá esté viva. No es posible. Tal vez que no muriera y hubiera tenido otra hija— respondió Mar ingenuamente pues sabía que eso era imposible. Se calló. Boquiabierta miró tras de ella. Edvard viendo la expresión de su hija, sin volverse habló pausadamente, con suavidad y dulzura.
—Hola Kristen. Si me vuelvo, ¿te veré yo también?
Y, sin esperar respuesta lo hizo lentamente. Allí estaba tal y como Hannah la había descrito. Sólo duró un par de segundos porque la siguiente visión de ella era la familiar para Hannah y Edvard, la Kristen de poco menos de treinta que les sonreía. Su tono de voz sorprendió a Hannah pero le generó una sensación de paz y bienestar.
—El corazón de mi mundo por fin reconciliado. Ahora sí soy feliz. Hannah no te puedes imaginar cuánto desee conocerte pero nunca me fue dado tenerte en mis brazos, abrazarte, amamantarte y jugar contigo. Te he visto crecer y lo has ido haciendo todo muy bien. Estoy muy orgullosa. Eso no me lo han podido quitar como tampoco me han podido arrebatar el amor que siento por ti. En cuanto a ti, mi Ed. ¿Qué puedo decir que no te haya dicho ya tantas veces? Gracias. Gracias por cuidar de ella como has hecho. Gracias por cuidar de ti aunque sólo haya sido por ocuparte de nuestra hija. No, no me equivoqué cuando a pesar del dolor del momento me enamoré de ti y decidí que sería tuya si tú querías. Gracias por haberme dejado ser tu esposa y haberme hecho dichosa.
—Esta noche no podré olvidarla. Has vuelto a mí aunque sólo sea temporalmente. Ni siquiera en el mejor de mis sueños me hubiera parecido posible. ¿Por qué has venido? ¿Te quedarás?
Hannah repitió casi en un murmullo la última pregunta de su padre.
—¿Te quedarás?
4.
Kristen se acercó a su hija y le acarició la mejilla. Fue una sensación cálida. Su mano era increiblemente suave.
—Nunca me he ido. Tu padre lo sabía y nunca ha dejado de tenerme presente. Cuánto hablas cariño. Como cuando estaba aquí contigo. A mí, Hannah, me contaba todo lo del día y hablaba conmigo lo que callaba con todos. No, no es la persona taciturna que la gente cree. Sólo necesita quien le escuche.
Luego cogiéndole la mano a Edvard, para lo cual se tuvo que poner en cuclillas pues aún seguían sentados en torno al álbum y las notas, le miró fíjamente y sin dejar de hacerlo continuó hablando.
—Hannah, se comprensiva y paciente con él. Te ama tanto como a mí y sólo desea tu bien. Sabemos que llegará el momento que tengas que irte, que hacer tu vida pero, hasta entonces, tenlo presente siempre y confía en él. Ahora os dejo que tenéis que descansar.
(Cortesía de fotocommunity.es)
Y agarrada de la mano y mirando los ojos humedecidos de Edvard desapareció sin que se dieran cuenta. Un segundo después Edvard dejó caer una lágrima mientras se levantaba, cogía su taza vacía de café y se iba a la cocina. Hannah se quedó mirando la foto de su madre adolescente con la imagen de la tristeza de su padre. Kristen siempre había sido extraña para ella pero sin darse cuenta la había conocido en esos cuatro días. Hizo un cálculo mental rápido, cuatro años por cada jornada. No, se dijo, es insuficiente. Con qué derecho se presenta así y atormenta de esa manera a su padre. Si quería tanto a Edvard por qué se lo ha hecho pasar tan mal de nuevo. La primera vez fue un accidente. Eclampsia. Ahora no. Ahora había venido consciente y voluntariamente y se había manifestado para qué. Para poner su mundo patas arriba y hacerla sentir culpable de no haberse preocupado de saber más de ella. Para… no se le ocurrían más reproches. Le bullían sentimientos muy fuertes de caracteres muy distintos. Rabia, ira, vergüenza, perdón, cariño y afecto, e incluso amor. De pronto se sintió terriblemente cansada. Edvard salió de la cocina y recogió los papeles. Sonreía, la besó en la mejilla y la mandó a la cama. Mientras ella subía las escaleras le oyó que le decía algo en lo que pensó hasta que se quedó dormida.
—Qué noche más maravillosa. Y, eso que sólo es martes.
Hannah cuando se durmió lo hizo plácidamente y se despertó tarde. Al hacerlo le envió un mensaje a su padre pidiéndole disculpas por no haber desayunado con él. La respuesta fue inmediata. En otro mensaje breve Edvard le pedía que no se preocupara y le deseaba un feliz día. Hannah repartió la jornada entre sus amigas, sus primos y el piano. No supo nada de Kristen ni se preocupó por ella. En tres días estaría volando hacia España y afloraban los primeros nervios tanto en Alex como en ella. Eso y algún comentario de su prima por las miradas de Hannah a Jon coparon las conversaciones. Optaron por cenar juntos y Gesine les obsequió con una tarta de galleta y chocolate tras unas estupendas truchas con patatas panaderas. Valentina recibió a Edvard y le informó del cambio de planes para esa noche por parte de Hannah y los dos decidieron dejarla sola y sólo la llamó Edvard cuando vio que se hacía tarde. Veinticuatro horas sin señal de Kristen.
El jueves madrugó para buscar a sus amigas e irse juntas en bicicleta a dar una vuelta, charlar y almorzar en cualquier sitio de comidas rápidas. Al terminar algunas tenían que regresar y tras acompañarlas las que quedaron se se despidieron de Hannah. Entonces marchó a ver qué hacía Alex y la encontró preparándose para ir a la playa. Quedaron en reunirse allí. Dejó la bicicleta, corrió escaleras arriba, se cambió y cuando corría escaleras abajo fue interceptada por Valentina quien, tras informarse de sus intenciones, la obligó a tomarse un gran vaso de limonada fresca antes de permitirle salir a la calle. De camino, ahora a pie, se encontró súbitamente con Kristen y sus coletas. Kristen la saludó como si no hubiera sucedido nada raro, con la misma alegría de siempre. Hannah le devolvió el saludo más mohina.
—He venido a despedirme. Pasado mañana te vas a España y yo he de volver a mi sitio.
—Adiós entonces.
—Así, tan frío. ¿Hannah qué pasa? Creí que éramos amigas.
—¿Qué quieres que pase… cómo te llamo Kristen o mamá? Estoy hecha un lío, algo violenta y no lo entiendo. ¿Por qué ahora? ¿Por qué así? ¿Qué quieres mamá?
Su interlocutora cambió. Era la mujer hermosa del retrato de la oficina de su padre. La miraba sonriendo y esa transformación la calmó un poco.
—No me has echado de menos porque no me conociste pero siempre has extrañado una figura materna. Ese papel, a pesar de lo mucho que te quieren no lo han podido ocupar ni Valentina, ni mi querida Gesine ni tu maravilloso padre. Sé lo mal que lo pasabas y como tenías la impresión de que tu mundo se volvía del revés y, aunque esta es la edad de vuestra autonomía y reafirmación, en el fondo siempre estáis pendientes a las respuestas de vuestros progenitores para convenceros de que seguís el camino correcto. ¿No me necesitabas acaso?
—Sé que estaba rara, que tenía problemas de comunicación con papá y que no quería aceptar los cambios. ¿A eso te referías? Porque sigo estando rara.
—Y eso aún te durará. Pero, ¿qué me dices de lo demás?
Hannah tuvo que reconocer que las relaciones con su padre habían mejorado y que los cambios ya no la asustaban tanto. Que todo había comenzado cuando encontró a la joven Kristen casi una semana atrás y que seguramente ella estaría en lo cierto. Luego empezaron a brotarle lágrimas y le preguntó si ya no la vería más. Por ella no se preocupaba pero, qué sería de su padre.
—Ea, calma. Algún día volveremos a encontrarnos. Yo estoy segura. Por otro lado debes saber que tanto papá como tú venís siempre conmigo y yo permanezco con vosotros. Ed me ha sabido encontrar en su interior y tú lo harás también pero, no lo has hecho antes porque no sabías qué buscar. Ahora ya tienes una imagen o algo así. Ed, no me preocupa, sé que es duro que nos digamos adiós pero la otra vez no tuvimos ocasión. Fue tan repentino. Antes de venir a verte he tenido un largo encuentro con él. Cuidaos y todo os irá bien. Sé buena y feliz siendo tú misma aunque ello te haga ser distinta del resto. Dame un beso hija.
Hannah besó la mejilla de su madre y se dieron un largo abrazo. Cuando se soltaron tenía de nuevo ante sí a la joven Kristen que con un sencillo y jovial adiós se esfumó. Hannah se quedó mirando donde había estado Kristen en silencio, con pena, pero una mano sobre su hombro la sacó de ese estado.
—¿Estabas con alguien primita?
Era su primo Jon. Ella se giró, le dio un beso en la mejilla y un alegre hola. Luego le dijo que iba a la playa a buscar a Alex y le preguntó si quería ir con ella. John le respondió que precisamente esa era su intención y mirándole de arriba a bajo durante unos segundos Hannah le saltó algo que le dejó totalmente sorprendido.
—No eres tan tonto como me habías parecido y tienes encanto. Tengo que ver qué puedo hacer contigo. ¿Me quieres coger de la mano? Alex nos espera.




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