domingo, 28 de agosto de 2016

11 UNA OCUPACIÓN CURIOSA.


(Imagen por cortesía de es.pinterest.com)

Una tarde ocurrió. Reinaba el silencio. Bueno eso no es totalmente exacto. Digamos que sólo se oían los ruidos de la ciudad. Que me faltaba algo. Estaba muy cansado y tardé en caer de qué se trataba. No escuchaba música. Todos los días mi vecino de arriba, un enamorado del jazz como yo, nos deleitaba con su maravillosa colección quisiéramos o no. Pero en contra de lo que me tenía acostumbrado pasaron varios días sin una nota en el aire. Lo imaginé ausente y me hice a la idea, hasta encontrarnos en el portal. Tras saludarle le noté abatido y me contó que llegaba muy cansado a casa porque había estado muy ocupado con un paciente. Le solté la trivialidad de que se tenía que tomar la vida con calma y que tal vez sería mejor que en esos casos sacara tiempo para él y que, por ejemplo, podía retomar la trompeta, con la que a veces finalizaba sus sesiones, o sencillamente volver a escuchar sus discos. Me lo agradeció, más por educación que por otra cosa, y se limitó a responderme que trataba un caso muy serio. Hasta ese momento no me podía imaginar que él era de un profesional de la salud.

Un par de días más tarde volvimos a encontrarnos. Acababa de comprar un exótico disco de soul interpretado por músicos asiáticos y sonreía de oreja a oreja. Quise informarme del estado del enfermo por lo que tras saludarle le pregunté. Mejoró repentinamente y, aunque parecía increíble, ya estaba bien. Luego me agradeció mi interés. Aproveché y le pedí su opinión acerca de unas molestias en el hombro. Quedé sorprendido cuando me dijo que no podía ayudarme. Debió verlo en mi mirada y quiso aclararlo. Se trataba de un planetista especializado. Concretamente un selenólogo. La Luna se había sentido mal y había amenazado en quedarse en su fase de luna nueva. Él la había atendido y acompañado por las diferentes fases mientras ella se fortalecía. Ahora, había vuelto la alegría a la gente, se reajustaban las mareas y las plantas de la huerta crecían más sanas y más fuertes.

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